En el entorno digital todo lo audiovisual tiene una importancia de vida o muerte. Tanto las imágenes como los vídeos son los auténticos protagonistas del contenido en Internet, con bastante diferencia respecto del contenido de texto. Por eso es tan importante contar con las mejores imágenes posibles en tu web, tu blog, en tu e-commerce o en tus redes sociales.

Antes de compartir contigo unos consejos elementales al respecto hago una advertencia importante: no soy fotógrafo profesional, pero sí he trabajado durante muchos años codo a codo con varios de ellos. He aprendido mucho compartiendo su día a día y viendo literalmente millones de imágenes de todo tipo. Estos consejos están basados en esa experiencia, aplicada a la creación de contenido digital.

1. Usa a un profesional o recibe formación adecuada

Como ya he indicado en más entradas de este blog, siempre que te sea posible recurre a un profesional para nutrirte de contenido. Igual que es recomendable un redactor freelance para crear las entradas de tu blog o los textos que necesitas, siempre es mejor contar con un profesional de la imagen para obtener fotos y vídeos de calidad.

Si no puedes permitirte la contratación de un profesional, invierte todo el tiempo y el dinero que puedas en formarte para obtener tú mismo/a resultados cercanos a los profesionales. Te llevará más tiempo, es cierto. Pero también crecerás como persona, adquirirás conocimientos que nadie te podrá quitar y será un proceso divertido.

Puedes recurrir a manuales, libros, revistas o tutoriales de Youtube. Todo ello es válido. Aunque te recomiendo que participes en un taller práctico y presencial, como mínimo. Nunca vas a aprender más que manejando tu propia cámara y enfrentándote a situaciones complejas en la vida real.

2. Hazte con un buen equipo

Esto no implica ni grandes cantidades de material, ni dispositivos aparatosos. Si vas a encargarte de captar tus propias imágenes, ten en cuenta el uso que vas a darle a tu equipo, cuánto le vas a exigir y cuáles son tus conocimientos para sacarle partido. En función de tu presupuesto puedes adquirir cámaras relativamente compactas que harán el trabajo perfectamente.

Lo importante no es tener una cámara grande. La clave es saber qué hacer con una cámara en las manos, sea cual sea. Por eso es tan importante lo que te he comentado del profesional, por un lado, y de la formación teórica y práctica por otro. Recuerda que una cámara NUNCA hace a un fotógrafo. Es el buen fotógrafo el que puede obtener una buena imagen con una cámara mediocre.

3. Cuida la composición

Una foto puede resultar irrelevante si no cuenta nada. Y para «contar» en dos dimensiones son importantes tanto la composición como la perspectiva — entre otras cosas —. Divide mentalmente tu encuadre en tres secciones verticales y tres horizontales, usando la denominada «regla de los tercios».

Coloca los elementos que quieras destacar en tu composición sobre los puntos de intersección de esas secciones, o lo más cerca posible de ellos. Aportará dinamismo y vitalidad a la imagen. Con práctica también podrás utilizar líneas, curvas y «puntos de fuga» naturales hacia esos puntos de intersección. Además, también podrás usar el vacío para destacar lo que te interesa.

Contrapicado de un balcón, como ejemplo de composición de imágenes usando la regla de los tercios
Ejempo de composición usando la regla de los tercios

4. Cuida la iluminación

Uno de los errores más comunes en los fotógrafos aficionados es no tener en cuenta la luz con la que van a tomar la foto. Tanto si es natural como si es indoor. Si vas a tomar imágenes de productos que pretendes vender, por ejemplo, tienes que tener especial cuidado en que estén perfectamente iluminados.

Da igual si vas a usar un plano detalle o una vista más general. No puede haber zonas en sombra o sin la definición suficiente por falta de luz en tu captura — salvo que sea intencionado, por motivos «artísticos» —. Es muy recomendable que utilices una caja de luz o un anillo de iluminación acoplado a tu objetivo. O una combinación de ambas herramientas.

5. El revelado es tan importante como la captura

Con revelado me refiero al proceso que se inicia tras la toma de la foto y antes de su impresión o publicación definitiva. Normalmente se utiliza software específico para ello, como Photoshop, Lightroom, Darktable o similares. Y, lejos de lo que la gente opina, no se trata de «retocar» o «arreglar» una imagen.

Por mucho que te empeñes, una mala foto no la va a arreglar ningún programa de ordenador. Pero una buena captura puede mejorar exponencialmente en matices, texturas, detalles y demás aspectos vitales para la imagen utilizando software. Esto se aplica especialmente si tu negativo digital se almacena «en bruto» — en formatos .nef o .crw, por ejemplo — y no comprimido en un formato como el .jpeg.

Tratamiento de imágenes con Darktable
Tratamiento de imágenes con Darktable

Conocer todas — absolutamente todas — las posibilidades de cualquier programa de revelado está al alcance solo de unos pocos y puede llevarte toda una vida aprender. No obstante, conocer media docena de procedimientos clave te puede bastar. También te recomiendo que leas todo lo posible de tu programa favorito o te apuntes a un taller de revelado. Lo agradecerás.

6. No utilices imágenes de menores de edad

Desde que todo el mundo tiene redes sociales proliferan las imágenes de niños y niñas menores de edad por todas partes. Hijos, sobrinas, nietos, ahijadas… Recuerda que los menores de edad tienen derecho a preservar su propia imagen, intimidad y honor. Igual que tú y yo. De hecho, los niños y niñas son «sujetos especialmente vulnerables» para nuestro ordenamiento jurídico y violar esos derechos puede traerte problemas con la justicia realmente serios.

Da igual que se trate de tu propia familia o de personas de mucha confianza. Nunca uses imágenes de menores de edad. Si tienes que usar imágenes de niños o niñas por obligación — porque te dediques a vender ropa infantil, por ejemplo — asegúrate de contar con un permiso firmado de sus padres, madres o tutores legales. Este permiso tiene que estar redactado acorde con el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD). Si sacas una foto de un/a menor sin este permiso firmado, evita que salga su cara o que resulte claramente identificable.