Uno de los servicios que ofrezco que generan más dudas entre potenciales clientes es el de la consultoría. Bajo el paraguas de este «atractivo» nombre se han aglutinado históricamente diversos perfiles — no siempre los más honestos — y multitud de servicios cuya utilidad no siempre está clara. Realmente ¿qué es un consultor? ¿Cómo puede ayudarte? Y ¿por qué la mayoría de los clientes son reacios a contratarlo y pagar por su trabajo?

Posiblemente, las razones son variadas. Por un lado, como decía antes, muchos «consultores» pseudo profesionales y listillos han tratado de «trampear»: facturan cantidades astronómicas a sus clientes por servicios que tienen poca utilidad o resultan «vagos». La figura del consultor, en el contexto empresarial es similar a la del asesor en entornos como el de la política. No puede extrañar que arrastre una fama discutible.

Por otro lado existe en España escasa cultura en lo relativo a la consultoría, algo que no sucede en otros países, sobre todo aquellos de ascendencia anglosajona, desde donde llegan — con retraso — a este país casi todas las tendencias y prácticas en marketing más asentadas. Ni se conoce ni se «entiende» del todo la labor de un consultor y, sobre todo, la necesidad de abonar una cantidad de dinero determinada por una labor profesional que no es «tangible», que no reporta beneficios a corto plazo.

Pero ¿qué hace un consultor?

Debería resultar fácil de entender, si prestamos atención al propio término. Un consultor está para «consultar», esto es, para resolver una serie de dudas sobre un área de conocimiento determinada a personas o colectivos que no tienen por qué poseer ese tipo de competencias, habilidades y experiencia. ¿Fácil? Te pongo un ejemplo, por si acaso:

Si en mi casa deja de fluir el agua corriente de un día para otro tengo un problema relativamente serio. No puedo beber, cocinar, mantener mi higiene, realizar labores de limpieza, etc. Lo normal es que piense en diversas posibles soluciones, siguiendo un orden lógico: revisar visualmente la instalación, comprobar varias veces su funcionamiento según mis conocimientos y, si nada funciona, contactar con la empresa que presta el servicio, por si existe una avería en mi zona o hay problemas con mi contrato de suministro, como impagos o algo así.

Si nada de esto soluciona mi problema, tengo que recurrir a un especialista, en este caso a un fontanero. Una vez en mi casa, el fontanero probablemente hará el mismo tipo de comprobaciones que yo ya he hecho. Pero también es casi seguro que hará alguna más utilizando herramientas específicas y recurriendo a su experiencia como profesional. Una vez hecho esto, el fontanero identificará mi problema: caudal, presión, estado de las cañerías y un par de obstrucciones. Sabiendo dónde está el problema y cuál es su gravedad, el fontanero me dirá cómo actuaría y cuánto me puede costar la solución.

Dos personas con portátiles trabajando

Pues bien. Un consultor — con independencia de su especialidad — hace exactamente esto: estudiar la situación actual de un cliente, analizar el mercado en el que está inmerso, sus puntos fuertes, debilidades y las de su competencia. También estudia cuáles son sus problemas y sus objetivos. El consultor pone sobre la mesa la mejor manera para superar unos y lograr los otros, según su experiencia y conocimientos. Y, por supuesto, las herramientas y estrategias más útiles para conseguirlo. Es por este trabajo de análisis fundamentado por lo que cobra un consultor. Por continuar con el ejemplo, la factura del consultor correspondería a los gastos de desplazamiento del fontanero.

¿Qué ventajas obtienes de un consultor en comunicación digital?

No siempre es necesario recurrir a un consultor. ¿Cuándo hacerlo? Cuando el problema, proyecto o situación a la que te enfrentes supere tu capacidad o los conocimientos necesarios para salvar el escollo con garantías. No necesito un fontanero cada vez que quiero abrir el grifo, ¿me sigues? Por esto, la labor de consultoría es especialmente útil en el mercado de la comunicación digital.

La revolución tecnológica ha generado multitud de dudas en las empresas, sobre todo en las pequeñas. Los avances son tantos y van tan rápido que resulta difícil mantener el paso, sin perder de vista las tareas que requiere nuestro negocio en el día a día. ¿De verdad tengo que crear una web, un blog y gestionar las redes sociales ADEMÁS de preocuparme por mis proveedores, el stock de mis productos, mis clientes, mi facturación, la política de protección de datos y el retraso con la renta de mi local? Desgraciadamente, la respuesta es ‘Sí’ (en la mayoría de casos).

Pero nadie pretende que seas un superhéroe. Todos somos sólo humanos. Cuando eres consciente de un problema — o lo intuyes — pero no sabes cómo solventarlo, tu socio estratégico más apropiado es el consultor. Gracias a su trabajo puedes:

  • Saber cómo está el mercado en el que te mueves
  • Conocer quiénes son y cómo funcionan en Internet tus competidores
  • Ver si tienes fortalezas sin explotar y debilidades que mejorar
  • Saber cómo potenciar tu comunicación digital
  • Decidir qué redes sociales utilizar y cómo sacarles partido
  • Implementar una línea de acción, según una estrategia por plazos
  • Etc., etc.

Me gusta la idea ¿cuál es el problema?

Principalmente, que no estamos acostumbrados a pagar por algo que no podemos ver, tocar y oler. Y de lo que no podemos sacar rendimiento ya mismo. El principal problema de los profesionales como yo, cuando realizamos labores de consultoría — o lo intentamos —, es que el potencial cliente no entiende que «sin haber hecho nada», le pase una factura por ‘X’ horas de «trabajo» y unas reuniones cara a cara en las que no se hace un despliegue de medios al estilo del Circo del Sol.

Pareciera que el tiempo que he empleado en analizar al cliente y su situación particular, en pensar cómo actuar para obtener el máximo beneficio y en juntarme con él para explicárselo todo… cae del cielo. Que su tiempo es valioso y el mío no. Que su experiencia es lo que lo mantiene en el mercado, pero que mi experiencia y formación me la han regalado hace dos horas.

Y la comunicación no es una alfombra, una caja de tornillos o un jersey. La comunicación es un concepto, un conjunto de disciplinas y herramientas, un trabajo muchas veces intelectual que no puede palparse. Pero que es valioso.

Sin comunicar lo que haces, sin explicarle a tus usuarios o clientes por qué eres bueno, qué es lo que te hace el mejor… tu negocio está destinado a fracasar, tarde o temprano. En el mejor de los casos, dedicarte a trabajar tu comunicación te robará un tiempo del que no dispones y no puedes obtener resultados positivos con un 100% de seguridad. ¿Significa que la misma persona que te hace de consultor deba poner en marcha todas las estrategias que te propone? No. Dependerá de tu presupuesto y de si quieres hacerlo con ese profesional o no.

Pero el fontanero ya se ha desplazado a tu casa. Ha analizado tus cañerías y sabe lo que ocurre y cómo puedes librarte de la avería. Si le pagas a él sin pensarlo ¿Por qué no hacer lo mismo con un especialista en comunicación digital?

Si tienes dudas y quieres que ejerza de consultor para ti, rellena el formulario de contacto. Estaré encantado de ser tu fontanero particular.