A los periodistas se nos acusa de muchas cosas. Muchas de ellas son barbaridades terribles que no se corresponden en absoluto con la realidad pero, en ocasiones, no podemos hacer otra cosa que agachar la cabeza avergonzados, porque los dedos señaladores están metidos en la llaga hasta el nudillo.

No avanzaría nada, hablando aquí del entorno vacío y superficial que ponen a nuestra disposición las redes sociales. O de las vidas de unicornios y de pegatinas de Mr. Wonderful que en ese entorno ponemos en pie, en precario equilibrio, para que todo el mundo «sepa» cuán modernos, felices, viajeros y cool somos, o lo enamorados que estamos. Ese patio de recreo es el que es y toda una generación, la del selfie, se desarrolla en ese entorno, nos guste o no. No voy a descubrirles la pólvora ahora. Además, ya nos ponemos lo suficientemente críticos, con cada episodio de Black Mirror.

Pero es que el periodismo es parte de la sociedad y con ella debe evolucionar. Con la generación del selfie, el instagram star, el youtuber y el influencer debe viajar, en paralelo, una manera de informar determinada. No hay que tener miedo. Al periodismo se le da bien eso de la integración tecnológica, se ha tenido que enfrentar con tsunamis tecnológicos y paradigmas nuevos desde que la imprenta de Guttemberg hizo aparición. Pero en ese tránsito, hasta que cada quien encuentra su parcela, se viven episodios vergonzosos.

Los grandes medios llevan años sintiéndose «obligados» a demostrar que sus estrellas están en la mejor disposición posible para sacarse un selfie, si es que quieren hacerse uno. No es el primer caso — ni será el último, por desgracia — de un primer espada que mea fuera del tiesto poniéndose a sí mismo en evidencia con un selfie literal. Que le pregunten a Carlitos Herrera. El problema que subyace a todo eso es que se invierten los papeles y se sitúa el foco sobre el periodista, no sobre la información de la que el periodista debe hacerse cargo, con el peligro que ello comporta.

Hoy la Cadena COPE, una red de emisoras de incuestionable importancia en este país, realiza un despliegue notable en su programación de tarde, con su presentador estrella, Ángel Expósito desplazado en carne mortal a los campamentos de refugiados en Líbano. Es una excelente noticia, porque se trata de un problema internacional de carácter muy grave, del que nadie parece querer hacerse cargo. Excelente también la estrategia de la COPE, avanzando desde hace un par de días el despliegue especial y soltando diversas «perlas» en directo — con un gusto por la sensiblería algo cuestionable, eso sí —.

Si se da uno una vuelta por su web, no obstante, lo que destaca es el reportero desplazado, no tanto el contenido de su información. Y no se trata de una crítica parcial hacia un medio en concreto. Podría desgranar una lista interminable de grandes televisiones y radios — no tanto otro tipo de medios — que invierten auténticas millonadas en coberturas especiales que ubican a la cara conocida físicamente en el lugar de los hechos pero cuya presencia, siendo honestos y prácticos, no aporta valor alguno al hecho mismo de informar, ni a los datos de los que se habla. Ya sea sobre la crisis catalana, el triste asesinato de Diana Quer o cualquier otro acontecimiento «de interés informativo» que se les ocurra.

Un reportero de guerra, un corresponsal en el extranjero o un cámara en Siria, Yemen o Senegal puede llegar a enviar una pieza informativa a su medio por la que se pagan 50 ó 70€. No, no es un error tipográfico. Los gastos de chaleco antibalas, casco de kevlar, fixer o enlace oriundo del país y demás «menudencias» de manutención diaria corren de su cuenta. Hablamos de miles de euros. Normal que los medios prefieran hacer copia-pega de agencia, o que tiren de cualquier amateur que no tiene idea de periodismo, pero que «está allí». El periodismo internacional es tremendamente caro.

Pero preferimos gastar una auténtica barbaridad, una o dos veces al año, en estos despliegues absurdos. Porque nos importan una mierda, los refugiados libios. Lo que importa es que hemos sido tan valientes y comprometidos como para venir aquí, a contarlo. Y a sacarnos un puto selfie. A los reporteros desconocidos, que podrían hacer un excelente trabajo durante muchos meses sin aspavientos con la mitad de ese dinero… a esos que les den, que no les conoce nadie. Y lo mismo ni tienen redes sociales. ¿Periodismo? Aquí lo que importa son los likes, que parecemos todos nuevos.

Imagen destacada: «Autorretrato» de © Nutbcn. Todos los derechos reservados